Hypergramola

Hypergramola: “She’s a Rainbow” de The Rolling Stones

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Es un clásico intemporal. Lo sé. Es una obra maestra de la música psicodélica. Lo sé. Es, sin duda, el mejor tema del álbum Their Satanic Majesties Request. También lo sé.

Y, sin embargo, detesto esta canción.

Imagínate trabajar en un local que da a una plaza abarrotada de turistas que, por definición, se satisfacen con cualquier cosa, aunque sea una cutrez, si esta no les recuerda a su rutina diaria. Imagínate que todos los días, a la misma hora, desde tu puesto de trabajo, escuchas la misma actuación que acaba exactamente a las 20:31 al son de She’s a Rainbow. A un volumen atronador y que, por supuesto, es inversamente proporcional a la calidad del sonido

El primer día es agradable: “Bueno, por lo menos este show de mal gusto acaba con un temazo”. El segundo día también. Lo mismo el tercero. Incluso el viernes, aunque ya piensas que “seguramente, la próxima semana, tendrán un nuevo show y echaré de menos She’s a Rainbow.

Dos meses después ya es demasiado. A estas alturas, todos los días, a partir de las 20:00 horas, un tormento espantoso se apodera de mí. Angustiado suplico a Cthulhu que me lleve de una vez o, por lo menos, que me deje sordo. En algún lugar un científico loco está jugando con mi mente. Soy como el perro de Pavlov: a las 20:31 espero la canción, como la esperaba el ingenuo Oh Daesu en Old Boy, acompañada de un gas que, a ser posible, sea letal. O que suceda al revés, lo que es incluso peor: que al escuchar la canción por ahí, me entren unas ganas incontrolables de dejar lo que estoy haciendo y marcharme a toda hostia para el trabajo, con una voluntad irrefrenable de currar.

Para muchos She’s a Rainbow es el vibrante melotrón de Brian Jones, unos arreglos de cuerdas insuperables y unas orquestaciones que te hacen ver todas las combinaciones de colores posibles en cuestión de segundos. Por esto último, no es de extrañar que lo utilizasen como banda sonora para publicitar televisores de última generación. Sin embargo, desgraciadamente, para mí sólo representan turistas satisfechos porque sí, un trabajo ingrato y mal remunerado, y un estímulo-respuesta digno del perro macho más famoso de la ciencia moderna.

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