hypertrofia ocular

“It was Justified”

Los Soprano, The Wire, Mad Men, o Twin Peaks.

Breaking bad, Juego de Tronos y Girls.

Boardwalk empire, Deadwood, Carnivale…

Lo que sea. Whatever.

Quitad el puro de la boca y soltad el bourbon de la mano, ¡oh, gurús-de-cafetería-de-series! Hoy una hypertrofiada os va a maldecir. Porque casi nunca -o jamás, si me pongo extrema, algo que me apasiona hacer- os acordáis en vuestros arrebatos de sabiduría inconmensurable de Justified.

justified portada

¿Por qué? Porque un tipo duro en el Kentucky más sórdido de Estados Unidos no es moderno, posmoderno, rompedor, mafioso, publicista, vaquero, feriante, glamouroso, intelectual o, simplemente por decir algo y terminar la enumeración, antediluviano.

Os puedo dar el beneficio de la duda. Os lo cedo, temporalmente, porque algún día yo fui como vosotros. Y porque entiendo que quien se asoma por primera vez a la sinopsis de Justified puede pensar en dos cosas: que es una especie de western porque hay un tío con gorro vaquero y pistola; o que es más bien uno más de esos productos de consumo rápido similar a la plaga de series-hamburguesa que nos acechan en La Sexta y otras cadenas, bajo títulos ingeniosos como Mentes Criminales, Castle o El Mentalista.

Y debo reconocer que quien piense así no estará del todo equivocado. Justified es un western moderno, ambientado en los bajos fondos (geográficos y morales) de Estados Unidos. Y es también una serie que engancha a la primera, apta para los consumidores de ficciones como The Walking Dead o, si me apuráis, hasta de Stargate Atlantis.

El “problema” de Justified es que nos presenta a un agente judicial de los Estados Unidos. Así de sencillo. Y digo “problema” porque no es un tipo del FBI, como nuestro querido Fox Mulder; ni de la CIA, como nuestra loca preferida Carrie Mathison. Es algo mucho menos importante y menos trascendental. Un tipo, en sus 40, que no va a salvar el país, ni a descubir conspiraciones. Y que incluso a veces tiene que encargarse de tareas anodinas, como del transporte de presos de poca monta o del papeleo de sus tiroteos.

Pero resulta que Justified no necesita de grandes eventos o acontecimientos, porque su núcleo se sustenta en ese agente de la ley, demasiado parecido a un pistolero (volvemos al western), más genuino que Billy El niño, más rápido que Lucky Luke, y que parece salido del siglo pasado. A Raylan Givens no le tiembla el pulso a la hora de disparar a los malos, aunque sean sangre de su sangre.

Porque “estaba justificado”.

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Por eso el 63 por ciento de la serie es, sin duda, Raylan Givens. Un protagonista genial, una rareza, un oasis entre héroes acartonados o bipolares de libro. Un agente duro, sarcástico, furibundo, solitario y con un sentido de la justicia muy particular. Lo que lo convierte en uno de los mejores agentes del cuerpo, y a la vez, en el más problemático. Y, sin duda, hace de él uno de los más destacados personajes masculinos de serie de los últimos tiempos.

El 37 por ciento restante de la serie se reparte entre unos secundarios de lujo, con una mención muy especial al jefe de Raylan; unos malos con casi tanto carisma como el protagonista; una familia Givens que daría para una serie aparte; y un ambiente cerrado, opresivo y muy pobre que nos recuerda que no todo en Estados Unidos es Nueva York, San Fransciso, Los Ángeles o Miami. Todo bien mezclado y sazonado con unos diálogos rápidos y mordaces, que dan la nota de humor necesario para sobrevivir en un condado lleno de criminales que son amigos, primos, novios, maridos, padres y hermanos entre sí. Y sí, Raylan Givens está enredado en medio de esta madeja imposible. En el puro centro.

En la primera temporada, la serie nos cuenta la nueva bajada a los infiernos de Raylan: una vuelta a los orígenes que no es más que un regreso al abismo en el que se crió y al que no está nada contento de volver. Es la penitencia que tiene que pagar por un gatillo -que no gatillazo- demasiado rápido. Al principio, la dinámica de la serie se basa principalmente en episodios autoconclusivos que, a pesar de ello, se entrelazan entre sí con una trama común que nos va desvelando cada vez un poco más del infausto condado de Harlan, Kentucky. Además, estos primeros capítulos nos permiten irnos familiarizando gradualmente con Raylan, su carácter y su manera de hacer amigos

La segunda temporada -hasta donde tengo el honor, por ahora- amplía más el arco, e introduce un argumento mucho más complejo. Y aviso: la mala de esta hornada de capítulos es de esas de las que no se olvidan. Y, si no me creéis, miradla y atreveos alguna vez más a probar la tarta de manzana cuando alguien os la ofrezca.

A las féminas que estén leyendo esto les diré como bonus track que Raylan Givens es de esos personajes que tiene un noséquéounquéséyo que te hace querer quitarle a mordiscos el sombrero (en Hypertrofiados respetamos el horario infantil, por lo que me limitaré a no pasar de las cejas ‘pabajo’). A los del género masculino que ahora mismo no se están cagando en una servidora les informaré de que también tendrán ración para ellos.

En definitiva, no sé por qué seguís leyendo este texto tan interesante cuando deberiáis estar dedicando todo vuestro empeño en poneros a ver Justified para, si queréis, poder discutirme con conocimiento de causa y cierta propiedad.

Y sino, pues ya sabéis, siempre os quedará Sálvame.

O Stargate Atlantis

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2 pensamientos en ““It was Justified”

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