hypertrofia auditiva

“¡Tomad mi tampón usado, hijos de puta!”

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Por QA.

A principios de los años noventa, un grupo de bandas musicales anglosajonas, integradas casi en su totalidad por mujeres, dieron lugar a un movimiento musical feminista conocido como Riot Grrrl. De perfil underground, los rasgos comunes de estos conjuntos eran, a nivel musical, un sonido directo, sencillo y sucio que enlazaba con el punk de finales de los 70 y con la consolidación indie de los años 80. A nivel temático, los caracteres definidores consistían en violaciones y abusos sexuales, violencia doméstica,  abyección de la cirugía estética, rechazo beligerante al patriarcado, racismo y atribución de poder a la mujer en la sociedad. Este movimiento, que tuvo como referente a importantes figuras femeninas de los 70 y primeros 80 (como Patti Smith, Siouxsie Sioux, Kim Gordon o The Slits), expandió su área de influencia más allá de las fronteras musicales y de género. Como parte de esta corriente, se desarrolló una subcultura de fanzines, activismo político y ética Do It Yourself. Este concepto se refiere a aquellos artistas que, oponiéndose al sistema establecido por la industria musical actual, grababan con sus propios medios (y en ocasiones con un presupuesto cero), autogestionaban sus actuaciones, autopromocionaban su música, etc.

En los primeros noventa, tanto en el estado de Washington como en la ciudad con el mismo nombre, había arraigado con muchísima fuerza la ética Do It Yourself. Mujeres jóvenes vinculadas a la escena musical underground, y siguiendo cierta tradición femenina precedente, aprovecharon esa infraestructura socioeconómica para articular sus pensamientos y propuestas a través de la autoedición de fanzines de punk-rock, arte y formación de bandas de garaje.

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En principio, el movimiento parecía bastante desorganizado, pero las cosas cambiaron en 1991. Una mujer, Anita Cerro, acusó a Clarence Thomas, miembro del Tribunal Supremo, de acoso sexual. Los medios de comunicación, en un gesto de impune irresponsabilidad, parodiaron la situación y se burlaron de Anita Cerro. Este fue el detonante que activó a muchas jóvenes feministas, que se hicieron oír a través de protestas múltiples, acciones, y eventos como la organización del primer Rock for Choice por L7. Se hacía patente, de este modo, el robustecimiento ideológico y social del naciente colectivo dando lugar, definitivamente, al movimiento Riot Grrrl a finales de 1991. Parece que el origen del nombre proviene de una carta que Jen Smith, de Bratmobile, redactó a Allison Wolfe, otra de las componentes de la banda. En el texto, que hablaba sobre los disturbios de Washington como consecuencia de un lamentable episodio de brutalidad policial, se podía leer “This Summer’s going to be a girl riot”. Poco después, Wolfe y Molly Neuman, también de Bratmobile, colaboraron con Kathleen Hanna y Tobi Vail, de Bikini Kill, para crear un nuevo fanzine que se llamó Riot Grrrl!

A nivel estrictamente musical es bastante común señalar la International Underground Pop Convention, de agosto de 1991, celebrada en Olympia (Washington) como punto de partida. Allí se celebró la reivindicativa Girl Day, una jornada destinada a grupos femeninos contra el imperante machismo en el mundo del rock. Además de las ya mencionadas Bikini Kill, Bratmobile o L7, también actuaron Heavens To Betsy, 7 Year Bitch o Tiger Trap.

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En sintonía con la autogestión que defendían, las Riot Grrrls creían en el sostenimiento recíproco y, de este modo, compartían giras y vinilos. No es, por lo tanto, de extrañar que uno de sus discos más celebrados en los primeros momentos fuese Our Troubled Youth/Yeah, Yeah, Yeah, repartido entre dos bandas: Huggy Bear y Bikini Kill.

En algunos de sus conciertos no se ponían a tocar hasta que las primeras filas estaban ocupadas en su totalidad por mujeres. Una justa reacción por más de dos mil años de cristiandad, que diría Nacho Vegas. En otras ocasiones prohibían la entrada a los hombres o les exigían, como condición, entrar ataviados con un vestido de chica. La contrapartida ha sido la hipocresía de algunos grupos que no merece la pena recordar su nombre. Tanto podían criticar el modelo de belleza contemporáneo como excitarse sumisamente con el bueno de Keanu Reeves.

Sin inventar nada, hay una serie de conjuntoss de muchos kilates dentro del movimiento Riot Grrrl. Uno de ellos es Bikini Kill, una banda de punk que se hizo popular, entre otras cosas, por sus directos  enérgicos y agresivos.

En sus actuaciones permitían que mujeres del público subieran al escenario a contar algún tipo de abuso recibido. Por cierto, ¿adivináis qué sucedió cuando Dave Grohl, por aquel entonces batería de Nirvana, trajo a su estudio a dos integrantes del grupo, Tobi Vail y Kathleen Hannah, y esta última escribió “Kurt smells like teen spirit”?

Una propuesta mucho más ecléctica, con elementos del surf, del pop y del garaje, es la que desarrollaron Bratmobile. Desde sus primeros shows en directo fueron consideradas un destacado complemento al hervidero rock que, a principios de los años 90, era el noroeste de los Estados Unidos.

De las angelinas L7, con una trayectoria musical que trasciende el movimiento y una variedad estilística entre el punk y el metal, destaca especialmente el disco editado en plena ebullición de las Riot Grrrl, Bricks are Heavy. El álbum, producido por Butch Vig -responsable también del Nevermind de Nirvana y del Dirty de Sonic Youth- fue seleccionado por los lectores de Rolling Stone como uno de los 150 discos indispensables para comprender la música en los años 90. Donita Sparks, vocalista y guitarra, era de lo más marrullero. En el festival de Reading (1992) respondió al lanzamiento de lodo por parte del “respetable” de un modo bastante singular en lo que pretendía ser, supongo, un gesto simbólico. Retiró algo de su entrepierna y se lo arrojó al público gritando “¡Tomad mi tampón usado, hijos de puta!”

 Combinando new-wave punk, hardcore noventero de Washington D. C. y guitarras ásperas que corren a la velocidad del rayo, nos encontramos con Slant 6. Su nombre alude al motor de un coche. Como si tratasen de transgredir un objeto, el automóvil, cuyo marketing rebajaba más a la mujer que la actual prensa deportiva patria.

Al otro lado del charco, en Brighton (Reino Unido), Huggy Bear fueron otra banda clave para comprender el movimiento. Se autodefinían como “boy-girl revolutionaries”, tal vez para justificar la presencia de dos hombres en sus filas. La música y la letra de sus canciones se fundían en una incendiaria agresión contra el stablishment, en una llamada a las armas para oyentes de todos los géneros y orientaciones sexuales. Tras una actuación en directo en el espacio televisivo The Word, Huggy Bear y sus fans agredieron verbalmente a las siguientes invitadas, unas modelos que se hacían llamar The Barbi Twins, y al presentador Terry Christian. La prensa musical británica comparó el incidente con la disputa, también en directo, entre los Sex Pistols y Bill Grundy.

Intenso pero breve, cuando el movimiento perdió fuerza, algunos de sus emblemas han sabido adaptarse a una nueva situación. Por ejemplo, Kathleen Hannah pasó del punk de Bikini Kill al baile descontrolado de la banda de electroclash Le Tigre.

 

Slant 6, por su parte, se reciclaron en las cultísimas Quix*o*tic, con su particular revisionismo, de tintes tan oscuros como sutiles, de delicados fragmentos de la música popular.

De las cenizas Riot Grrrl de Heavens to Betsy y Excuse 17, surgieron las muy superiores Sleater-Kinney.

Se trata de un grupo intenso, más mediático, con melodías viscerales y letras provocadoras, incluso dentro del propio universo indie. Con razón arremetían contra el machismo dentro de su propio entorno. Un tema que, todavía a día de hoy, es necesario abordar con buen criterio, lejos del reciente y triste panfletismo de Diagonal y de la reacción arribista de los de siempre. Recomiendo The Woods, su álbum más maduro y experimental hasta la fecha que, sin embargo, no se olvida de sacudir a sus incondicionales con varias tortas de rock directo.

El activismo musical sigue vivo actualmente pero su actitud, mucho más dispersa e individualista, favorece la absorción y reorientación de las diferentes corrientes hacia el mainstream. Erase Errata asume, en parte, los presupuestos de la vieja escuela, mientras que la cantautora Scoutt Niblett encandila al público con una propuesta de lo más minimalista. Un planteamiento, el de menos es más, que también se halla en los trallazos bluseros de The Gossip.

En España existe, que yo sepa, al menos una banda influida por el movimiento Riot Grrrl. Se trata del grupo Hello Cuca, más conocido, quizás, por la reciente popularidad de uno de sus miembros: la gran Lidia Damunt. Se dice de sus directos que combinan con una precisión de alquimista el carácter punk con el rock and roll de toda la vida

En definitiva, las Riot Grrrls no necesitaban un 8 de marzo, ni tampoco un techo de cristal que romper. Más bien al contrario: ellas mismas se bastaban para hacer de cualquier jornada su día, y podían romperle el techo en la cabeza a quien fuera necesario. En honor a ellas, quien comente este post deberá ser mujer. O bien cambiar su nombre por uno femenino.

Y, por supuesto, si no os ha gustado este post, antes de cerrar la puerta cuando os vayáis, coged la compresa usada que hay en la salida. L@s hypertrofiad@s somos elegantes, que aquí nadie os la lanzará a la cara… por ahora.

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2 pensamientos en ““¡Tomad mi tampón usado, hijos de puta!”

  1. Coñonudo tu post!!!! Siempre me gustó la actitud de éstas chicas sin pelos en la lengua. Siempre quise ser una Riot Girrrl, y a mis 33 años, me alegro un montón haber vivido aquella gloriosa época en la que salir con la ropa de tu padre o abuelo, y llevar el pelo azul y/o verde, era lo más transgresor del universo.
    Larga vida a estas luchadoras, rompedoras, críticas, mordaces…Orgullosa estoy de ser mujer, hahahaha,
    Lancemos tod@s nuestros tampones al aire!!!

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