hypertrofia interactiva

En un lugar de las Galias

evo01-1024

Por Javier Ferreirós

En 1959 un italiano y un judío polaco que se había criado en Argentina crearon uno de los mayores símbolos de Francia junto a la Torre Eiffel y la Marsellesa: me refiero al pequeño gran héroe Astérix, aunque Astérix no sea exactamente francés, ya que Francia no existía  en el año 50 a. de C. (Los franceses también tienen problemas identitarios, no sólo nosotros, mal de muchos, y es antigua la discusión sobre quiénes eran sus antepasados, los galos o los francos, y motivo de sorna en los propios cómics de Astérix). Es un indígena “celta” -aunque los historiadores no acaban de ponerse de acuerdo sobre qué demonios es un celta- y su aldea fue ubicada en lo que hoy conocemos como Bretaña después de que Goscinny, el guionista, dejara la elección en manos de Uderzo, el dibujante, que se crió en dicha región. El casco lo sacaron del que aparece dibujado en las cajetillas de Gauloises  (esto es, “galos”). En detalles como este, y en referencias a sus ingestas masivas de cerveza, se nota que Astérix es fruto de una sana camaradería entre sus autores.

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Teniendo en cuenta que la principal influencia declarada de Uderzo a la hora de dibujar era Disney, Astérix se convirtió en un antagonista de Mickey Mouse de forma implícita, muy a la europea, sin alharacas ni desfiles de cadillacs por la Quinta Avenida. Los autores comentaron que los bobalicones romanos de sus historietas muy bien podían ser los yanquis y su arrasadora influencia cultural. Goscinny había pasado largos años de penurias en la boca del lobo, en Nueva York, y ahora triunfaba a nivel mundial salvo en Estados Unidos, donde Astérix es apenas conocido, tal vez porque le resulta muy alejado en el espacio y en el tiempo al aficionado medio americano. Hoy día el ratón de perenne y sospechosa sonrisa campa a sus anchas en Lutecia, la más prodigiosa ciudad del universo, en lo que dieron por llamar, para rasgadura de vestiduras de muchos europeístas, Eurodisney. Existe en Bretaña un parque temático de Astérix, aunque en comparación con la sucursal del emporio yanqui parece, por fortuna, una cosa de andar por casa.

William Faulkner dijo que él leía el Quijote todos los años como otros leen la Biblia; yo, que no bebo ni la mitad que Faulkner, pero tal vez más que Uderzo, leo la colección de Astérix todos los años como Faulkner leía el Quijote.  Unamuno dijo a su vez que el Quijote era la Biblia española; a pesar de ello, no hay literatura menos influida por el Quijote que la creada en España.

asterix quijote

No tengo claro qué relación tienen hoy los franceses con Astérix, si lo consideran su antepasado. No sé si, de empezar a publicarse las aventuras de los bigotudos galos hoy en día, la sociedad de la zona euro permitiría la existencia de un personaje que gozase tanto de la violencia como Obélix. Ese goce es otra de las manifestaciones de lo mejor de las historietas de Astérix: la absoluta despreocupación, la confianza en sí mismos que desbordan los habitantes de la aldea gala, seguros de que las circunstancias nunca les superarán.

asterix-obelix despreocupados

A veces me siento un poco incómodo con que los galos recurran a la poción mágica continuamente. Creo que sólo deberían hacerlo en situaciones de extremo peligro, como cuando las legiones de los cuatro campamentos que rodean la aldea lanzan una ofensiva conjunta sobre ella en La Cizaña y la retaguardia se convierte en vanguardia, así que vuelve atrás y ¡adelante!;

batalla_aldea

Pero a veces se comportan como el quijotesco Faulkner con el whiskey, y con la excusa de cualquier pequeño rifirrafe ya tenemos a Astérix chumando de la cantimplora. Siento que los normandos y los belgas le dan una pequeña lección al declinar la oferta de beber poción mágica antes del combate. Por otra parte, es de suponer que no habría aldea sin ella, a pesar del carácter magnánimo del Julio César (¿Qué tal, Julio?) retratado en estas historietas.

Astérix V

En fin, menudencias entre tanta gloria socarrona y dicharachera. Disponiendo de toda la colección podemos contemplar su fulgurante evolución en muy pocos números: un abismo separa Astérix el Galo, la primera historieta, de Astérix en Bretaña, por ejemplo.

uderzo_asterix1st

Y hay otro abismo entre esta última y la mencionada La Cizaña, que ya forma parte de las historietas en las que salen a la luz las debilidades y bajas pasiones de los habitantes de la aldea y que, a punto de sucumbir a las tretas de los romanos, se espabilan al final y refuerzan sus lazos de amistad descalabrando a los pobres romanos, que saben ya a esas alturas que nada puede la fuerza bruta contra los ga… los ga… ¡¡¡los galos!!!, como suelen decir los sufridos piratas.

piratas_legionario

Esta caracterización de la aldea como personaje colectivo es una de las cumbres del genio de Goscinny y del arte de Uderzo, con esas composiciones dignas de un mural renacentista en las que Obélix corona una montaña de aldeanos enzarzados entre sí a pescadazo limpio, ante la mirada desengañada de Astérix y el druida Panorámix, los únicos cabales.

obelix cascos

Insuperable la alianza, la complicidad entre estos dos últimos a la hora de elaborar tretas que hagan recapacitar a sus vecinos acerca de la necesidad de formar una piña contra el enemigo común más allá de intereses mezquinos, como en La Residencia de los Dioses, contra la asimilación cultural perpetrada por la construcción de una urbanización romana que convertiría a la aldea en un suburbio, o en El adivino, contra el engañabobos de turno. En Obélix y Compañía, Panorámix y Astérix colapsan el sistema financiero de todo el Imperio Romano mientras se echan unas risas.

via apia

Mis favoritos: Astérix legionario, y la contagiosa indisciplina presurosa de Astérix y Obélix para desesperación de sus instructores; El caldero, en el que Astérix es injustamente desterrado y asume su destino con honor y con Obélix siguiéndole, por supuesto, en la busca de dinero, ellos que nunca lo han necesitado; La Cizaña, con que sientes al leerla que, esta vez sí, la aldea va a sucumbir (salvo el bardo Asurancetúrix, que sigue en las nubes ejercitando sus cacofonías); Los laureles del César, en el que la poción no pinta nada y el vino mucho ¡ferpectamente!;

Cochlea

La gran travesía, en la que Astérix y Obélix llegan a América y terminan navegando con unos vikingos cuyo perro se llama, oh gracias traductores barceloneses, Kampfdolvarsa; En Hispania, En Helvecia y, sobre todo, En Córcega, donde el retrato nacional a partir de los tópicos alcanza una descacharrante cumbre, como si su siesta dependiera de ello.

corcega

Goscinny se murió demasiado pronto y en el momento en el que las aventuras de Astérix alcanzaban su más alta cota artística; la última entrega que debemos a su talento es Astérix en Bélgica, la número 24 de la serie. Y una vez muerto Goscinny, ¿qué le quedaba a Uderzo? La mayoría de las veces yo le agradecería que se hubiera retirado entonces en vez de hacerse cargo de los guiones además de dibujarlos; por otra parte, siempre queremos más y más de lo que nos gusta, aún a sabiendas de que no será tan bueno como antes; y siempre hay que contar con el factor “¿cómo voy a desmontar esta fábrica de hacer dinero? ¡No hombre no!”. A partir de 1977, año del deceso de Goscinny, Uderzo asumió las riendas en plan hombre de su casa que no ceja en su empeño al ver como se inunda el hogar cuando intenta arreglar un grifo mientras su mujer y su prole le gritan con el agua al cuello que llame al fontanero de una vez. Uderzo no llamó a ningún manitas y, bueno, nos hace presenciar historias deslavazadas, inverosímiles y autoparódicas, y hace que estas tres características se acentúen a medida que perpetra nuevas entregas. Siendo niño, claro, no caes en esas cosas, pero ya notas que algo chirría, y siendo adulto, cuando te encuentras con que ahora resulta que Astérix y Obélix nacieron el mismo día; que tienen padres, viviendo en otro pueblo; que Obélix vuelve a beber poción mágica;  y que el cielo se cae sobre sus cabezas, extraterrestres mediante, no te queda otra que renegar. Ahora Uderzo es un anciano y ha dado permiso para que la serie continúe cuando él no esté, y es como si Avellaneda diese permiso para que continuasen las aventuras del Quijote. Pero siempre tendremos lo que tal vez dentro de muchos años no sea más que un oculto y maravilloso núcleo original de 24 álbumes, en el que Astérix, el astuto guerrero, y Obélix, el glotón repartidor de menhires, son hombres de edad indefinida y sin familia conocida, en el que Obélix jamás bebe poción mágica, porque se cayó en la marmita cuando era pequeño;

obelix_juegos

y en el que cada aventura acaba en la página 48 con un gran banquete entre risas, paz y armonía.

¡Hala, ya podéis ir atando al bardo!

Asterix-Fin - LR

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4 pensamientos en “En un lugar de las Galias

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