hypertrofia auditiva

¿Qué pasa con el Beatle Paul? (y III)

wings rude

Por Javier Ferreirós

Desde la separación de los Beatles han pasado casi 43 años, y ese es el tiempo que lleva Paul McCartney haciendo música lejos del pasado glorioso, lejos ya al día siguiente del fin del grupo más exitoso de todos los tiempos. No hay nostalgia Beatle en su obra posterior; es más, durante años renegó de las canciones creadas por él –o a medias con Lennon- en el seno del cuarteto. Hay canciones del McCartney post-Beatles que nos recuerdan a los Beatles, por supuesto, ya que, como he defendido hasta ahora en estos artículos, él es el principal constructor de aquel  sonido fulgurante: en gran medida, el sonido de los Beatles es su sonido.

Me centraré aquí en sus obras más destacadas de la década de los setenta,  procurando hacer un esbozo que haga justicia también a la magnífica obra de McCartney como exBeatle, obra harto difícil de abarcar al incluir decenas de discos y cientos de singles independientes.

Pues bien, McCartney se sentía perdido con el fin de los Beatles. Eso había sido toda su vida, un Beatle, en serlo había centrado todas sus energías y sus mejores años, y ahora tenía que empezar de nuevo. Según declaró mucho tiempo después, se sentía como un bajista en paro. Esto puede sonarnos obsceno viniendo de un tío cuyos hijos, nietos y bisnietos no tendrían que trabajar si fuera por dinero, pero en ese momento todo ese pastizal estaba retenido por cuestiones judiciales debidas a la separación de los Beatles. Además, ¿Qué hacen todas las viejas glorias del rocanrol sino ir de gira y sacar discos, en su mayoría prescindibles? No siempre lo hacen por la pasta; lo hacen porque es lo que les gusta hacer y para huir del vacío existencial del señorito desocupado.

McCartney sacó un disco homónimo algo titubeante, tal vez en el que más notemos su situación anímica. Lo grabó él solo en su granja de Escocia, e incluye canciones que no tuvieron cabida en los últimos discos de los Beatles y otras que se había guardado oliéndose la separación. Salió al mercado una semana después del fin del grupo, o sea que Paul las había grabado cuando todo se desmoronaba y no fue, desde luego, un bombazo. De 14 temas, 5 eran instrumentales: Paul seguía buscando en sus horas bajas, en vez de imitarse a sí mismo dándonos baladas desganadas de sucedáneo de Beatle mientras se retorcía ansioso en su granja de Escocia. De este disco podríamos destacar “Maybe I´m Amazed”, “Junk” (en sus versiones cantada e instrumental) y “Kreen-Akrore”, como curiosidad que debería tener cabida únicamente en la cara B de un disco de rarezas.


El disco siguiente, Ram, ya es otra cosa. Está sin duda entre lo mejor de McCartney. Aquí tienen cabida todos los hallazgos de su carrera con los Beatles plasmados con una voz propia y una libertad inédita hasta entonces. Los arreglos son deslumbrantes, y la versatilidad de su voz alcanza nuevas cotas. Siguen presentes el colorido y la aplastante lógica infantil del Sgt. Pepper en “Uncle Albert/Admiral Halsey”, tenemos una pequeña sinfonía de dos minutos en “Dear Boy”, y una especie de Tom Waits aún no perdido del todo para la luz del día en “Monkberry Moon Delight”.


Además de seguir grabando sus discos, durante los años setenta la producción de discos de otros artistas y la participación como músico en muchos de ellos se convertirán en algo habitual. Tenemos en esta década a un McCartney desatado tras los cortapisas y zancadillas que debía asumir en su condición de Beatle, como parte de un grupo en el que sus miembros, al menos en teoría, tenían la misma capacidad de elección, de ahí el veto continuo de Lennon y Harrison a iniciativas ajenas, por el mero hecho de que no partían de ellos. Así que McCartney se inventó ahora un grupo- en vistas a volver a las actuaciones en directo- en el que él mandaría pero con la voluntad de no convertir a sus miembros en meras comparsas. Su nombre era Wings, formado en agosto del  71 ( sólo habían pasado 16 meses desde el fin de los Beatles) y sus miembros no dejarían de cambiar a lo largo de la década, siendo los únicos fijos Paul, su señora, y el guitarrista- exMoody Blues- Denny Laine. El resto de miembros duraba más bien poco, supongo que porque Paul estaba por la labor de darles voz, pero no voto. “No somos los Beatles, caballeros. Aquí sí que mando yo”, podría haber dicho, pero con una sonrisa, porque persistía el trauma juvenil del miedo a ser tachado de dictador. De todas formas, los Wings más perecederos sabían a lo que venían.

El primer disco bajo el nombre de su nuevo grupo es Wings Wild Life, que se abre con “Mumbo”, pieza de rock con vibrante riff guitarrero y letra balbuciente, tal como indica el título. Un tema, como tantos otros de McCartney en esta línea, no lo suficientemente ponderado, como “Helen Wheels” de un año después, o el propio “Wild Life”.


En este disco aparece “Tomorrow”,  que (por desgracia) siempre me recuerda a aquel chiste que hacían en un anuncio de móviles u otra tontería buenrollera poniendo a un supuesto joven McCartney buscando letra para “Yesterday”. Decía “tomorrooow” hasta que el modernete de turno decía algo de “ayer” y… en fin. Sólo decir que “Tomorrow”, la canción, me parece muy superior a “Yesterday”, ese comodín que sacan los señores mayores españoles cuando se les pregunta por una canción de los Beatles.

En febrero de 1972, como preparación a la que sería la primera gira de un exBeatle, en julio, a McCartney se le ocurrió llevar a cabo la siguiente maniobra: llegar con su grupo a una universidad y preguntar si podían actuar esa noche en el salón principal, y gratis. Así lo hará diez veces y en todas le dirán que sí, claro está. También en ese 1972 edita el single “Give Ireland Back to the Irish”, defendiendo la causa de los independentistas irlandeses tras otro “domingo sangriento”. Se suponía que el Beatle Paul no se metía en política, pero esta vez su sangre irlandesa tuvo la última palabra.

Band on the Run está considerado su mejor disco. La crítica suele llegar a un acuerdo y de ahí no hay dios que la mueva. Como lo de que el Sgt. Pepper es el mejor disco de los Beatles.

Bueno, si hay que elegir uno de McCartney en solitario…me quedo con Ram. Band on the Run es un gran disco, sin duda, pero Ram sigue sorprendiéndome a cada escucha tras el primer impacto. Igual que me impactó su voz, cuando parecía que ya era imposible ir más allá, en “Call Me Back Again”, un tema olvidado perteneciente al LP Venus and Mars.

En el disco anterior, Red Rose Speedway, se incluye una de mis canciones favoritas de McCartney: “My Love”, sublime en su versión en directo de 1993. Una canción preciosa que no debería ir acompañada de vídeo alguno, como tantas otras de cualquier artista: a veces el vídeo le pone imágenes concretas a lo que no debería tenerlas.

En ocasiones McCartney gesta vídeos más elaborados, llegando al punto de que no sabes si fue antes el vídeo o la canción; también en esta faceta se muestra prolífico años antes del advenimiento de la MTV.

“Silly Love Songs” (de Wings at the Speed of Sound, del 76, disco más que flojo, tal vez porque incluye canciones escritas y cantadas por los otros miembros del grupo), además de suponer una defensa del amor como tema recurrente de las canciones, es una canción que representa la rama más disco-bailonga de la producción de McCartney, siempre interesado en lo que se cuece a su alrededor y en sacarle partido a su bajo infinito.  Tengo un amigo al que McCartney le parece odioso pero que flipa con este tema (creo que no soportaría el vídeo, porque como muchos de la época de Wings sólo consiste en Paul junto a los otros músicos haciendo el capullo con su innata jovialidad Beatle a la par que vemos los entresijos de una gira mundial: aviones, backstages, etc).

Tal y como estoy cansado de repetirle, si tiene esa imagen sesgada del artista en cuestión es porque no conoce joyas como “Goodnight Tonight” o, yéndonos ya a los temibles ochenta, “Take It Away”, o “What´s That You´re Doing?”, a dúo con Stevie Wonder, que por alguna razón no se convirtió en un éxito de las pistas de baile.

Estas dos últimas forman parte de Tug of War, disco que selló el reencuentro con el maestro George Martin como productor, y con Ringo, tal como vemos en el vídeo de “Take It Away”, en el que presenciamos el flirteo de estos dos últimos con dos muchachas, escena que a punto estuvo de confirmar nuestros temores de que los ochenta podían incluso con el firme pedestal de los Beatles.

El reencuentro con Martin tras los Beatles, aunque de forma efímera, ya se había dado en 1973 con “Live and Let Die”; Martin había aconsejado a los señores de la franquicia Bond que le encargasen la composición y la interpretación del tema principal de la próxima película a McCartney. Aún hoy día los “anti-Beatles porque sí” alcanzan el éxtasis con el riff de “Live and Let Die” a manos de Slash (ese desdoblamiento de Juan Tamariz hacia el reverso tenebroso del postureo rocanrolero) y, ya no sabiendo que argumentar-para variar-, dicen que la versión original de McCartney es blandengue, y tal. Sí, ehem, claro. De todas maneras, algo de razón tienen. Prefiero la versión en directo de 1993 incluida en el Paul is Live– al igual que “My Love”, como comenté antes-, cuya portada recrea la de Abbey Road y en la que se burla de la conspiranoia sobre su muerte.

9. Paul is live Blog

A finales de los setenta Paul vio que el empuje artístico de Wings flojeaba, así que decidió volver a su carrera en estricta soledad (con su señora a los teclados, los coros y las verduras, por supuesto, aunque de forma intermitente en las dos primeras facetas). En 1980 sacó McCartney II: cambio de década, giro artístico, una vez más. Y siempre hacia adelante. McCartney II es, en general, y cuando menos, un disco difícil de escuchar de una tacada. Paul quería hacer experimentos al borde del abismo ochentero que se avecinaba y consiguió una maquinita de hacer ruidos. Al parecer, ahora McCartney II es un disco cool y ponen “Temporary Secretary” en los garitos londinenses. El futuro ya está aquí. Glub. Lo que sí es una maravilla es el primer tema, “Coming Up”, con voz semienlatada y línea de guitarra de las buenas, de las de toda la vida.

Con todo esto quiero decir que la carrera de Paul McCartney en solitario es mucho más que “Hope of Deliverance” y “Ebony and Ivory”; que los prejuicios nos pueden alejar de joyas como el Flowers in the Dirt o el Pipes of Peace, con ese “Say, Say, Say” y su “western videoclip” junto a Michael Jackson, con el que también hace dúo en “The Man”;


que Sir Paul McCartney no tiene la culpa de vender tantos discos, que para una de las pocas veces que calidad y difusión han ido de la mano deberíamos pararnos a escuchar; que podemos disfrutar de su Eterno Retorno al rock and roll de su juventud con Choba B CCCP y Run Devil Run (y con los conciertos de esta etapa en los que cuenta con David Gilmour a la guitarra) ; y que McCartney siempre mira atrás para seguir adelante, atento a todo lo que se mueve en el terreno musical; y es por eso que, tras su inexplicable (¿William Campbell?) y merkeliana careta de goma, sabe incluso más de lo que parece y es aun más capaz de lo que aparenta.

Más en hypertrofiados| ¿Qué pasa con el beatle Paul? (I), ¿Qué pasa con el beatle Paul? (II)

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2 pensamientos en “¿Qué pasa con el Beatle Paul? (y III)

  1. Y te dejas Chaos and creation in the backyard, su mejor album desde Bannd on the run, con canciones como Jenny Wren, English tea, This never happened before… compuesto en 2005 a los 63 años, y producido por el productor habitual de los “modernísimos” Radiohead, Nigel Goodrich

    • Hay unos cuantos discos que me dejé en el tintero; ya ves que a partir de los años ochenta sólo menciono algunos, por no seguir dando la tabarra con otro par de entregas sobre Paul. El caso es que a partir del Flaming Pie (vuelta a un sonido más beatle tras haber recuperado el contacto con el mismo a la hora de preparar los Anthologies, y tal) ninguno de sus discos me llama realmente la atención, si te digo la verdad; me parece más reivindicable el Off the ground (del 93) que todo lo que ha hecho últimamente (aparte del mencionado Run Devil Run). Escuché el Chaos and creation 3 ó 4 veces y no me dice gran cosa: sigue siendo hermoso en su mccartneysmo, por supuesto, pero su “lacia hermosura” me parece más un ejercicio de estilo de McCartney haciendo lo que se espera que haga. Normal, a esta edad ya tiene derecho a hacerlo y no tiene por qué demostrar nada.
      Gracias por comentar.

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