hypertrofia auditiva

Como Cocteau Twins sonando igual que Mudhoney

Slowdive

Uno de los mayores engaños que tiene la música en streaming es que, cuando seleccionas un grupo, suele saltar un listado de artistas relacionados que, la mayor parte de las veces, poco tienen que ver con la banda que inicialmente estabas escuchando. Sin embargo, uno que es un ingenuo de nacimiento – una delicatessen para bancos, casinos y otros trileros de etiqueta – acaba pinchando sobre esas recomendaciones. Fue así, escuchando a Low, como conocí a Slowdive: dos grupos que, además de una consonancia fonética, poco más tienen en común. La canción seleccionada fue Alison, que me transportó al movimiento shoegazing de los primeros noventa.

Sin embargo, el típico sonido áspero de guitarra se escuchaba relativamente suavizado, como si hubiese pasado por un filtro de dream-pop, tan cool en estos tiempos. Y le sentaba francamente bien.

Me puse a indagar sobre el grupo. Descubrí que eran británicos, que se habían formado a finales de los años 80 y que sus miembros iniciales eran Neil Halstead (guitarra y voz), Rachel Goswell (voz y guitarra), Nick Chaplin (bajo) y Christian Savill (guitarra). Varios baterías han pasado por la formación, destacando Simon Scott e Ian McCutcheon. Sus orígenes son ciertamente “bonicos”: Rachel Goswell y Neil Halstead se conocían desde que tenían seis años, cuando iban juntos al colegio. En su primer grupo, una banda de indie pop llamada The Pumpkin Fairies, tocaba Adrian Sell, que sería el primer batería de Slowdive. Tras disolverse los Fairies se les uniría Nick Chaplin, un bajista amigo de Sell, y poco después, a través de un anuncio, el guitarrista Christian Savill. En realidad pedían una mujer para ese puesto, “pero sólo nos respondió Christian. Nos envió una entrañable carta donde se ofrecía a ponerse un vestido si fuese necesario”, recordaba Halstead. Corría el año 1989 y había nacido Slowdive. En ese momento la media de edad de la banda era de 19 años.

Slowdive 1993

El EP homónimo de 1990, tras haber firmado por Creation, no pudo tener mejor acogida entre la crítica. La publicación Melody Maker lo escogió single de la semana. Un galardón que también lograrían, en 1991, con sus dos siguientes EP’s: “Morningrise” y “Holding Our Breath”. Simon Williams de NME afirmó que Slowdive era un grupo que podía hacer que “Cocteau Twins sonasen como Mudhoney”. Su primer EP recoge el legado del “Isn’t anything” de My Bloody Valentine con un tema titular, Slowdive,  en donde los drones de guitarra combinan con las voces de Halstead y Goswell.

La influencia de los Byrds también se hace notar en este debut con unas guitarras hipnóticas que provocan en el oyente un agradable aturdimiento. Un estímulo del que uno sólo se libera cuando la música deja de sonar.

En el segundo EP las voces ya actúan como un instrumento más, formando parte de una atmósfera envolvente que te sobrecoge en el primer corte, Morningrise.

El control que ahora tienen sobre el ritmo es deslumbrante. Es regular y recurrente, con la precisas sucesiones de elementos débiles y fuertes. El álbum se cierra con Losing Today, un tema que parece evocar a Twin Peaks.

Incluso tenemos la sensación de que, como diría el agente Cooper, “un suave aroma a abeto Douglas flota en el ambiente”.

El progreso de Slowdive se hace todavía más patente en “Holding our breath”, donde el hechizo psicodélico encanta a numerosos fans hasta que el single Catch the breeze alcanza el número uno en la lista británica de éxitos indie.

A modo de curiosidad: en ese tercer EP también destaca la versión del Golden Hair de Syd Barrett.

El sonido general de la banda, entre abrasivo y etéreo, llevó a la prensa británica de mediados de 1991 a etiquetarlos dentro del movimiento shoegazing. En esa escena estaban también Lush, Moose, Swervedriver, Curve y Blur – en efecto, así son los primeros pasos de esos Blur. Neil Halstead logró convencer a Alan McGee, cabeza visible de Creation, de que contaban con canciones suficientes para que se editase un LP. Sin embargo, aquello no era cierto. Así que cuando McGee dio su aprobación para la grabación del álbum los miembros de Slowdive tuvieron que trabajar muy duro para cumplir con los plazos. “Nos fuimos al estudio durante seis semanas y no teníamos ni una sola canción para empezar”, afirmaba Halstead. Finalmente, en septiembre, se publicó “Just for a day”, la puesta de largo de Slowdive.

slowdive 1

El disco, a pesar de la buena acogida comercial, cosechó críticas negativas. “Desestimado por deprimente y falto de ideas”, escribirían en Melody Maker. Tampoco sería de ayuda que, precisamente, dos meses después se lanzase Loveless, la obra maestra de My Bloody Valentine que eclipsaría cualquier propuesta shoegazing cercana. A pesar de la agresividad de la prensa británica, “Just for a day” es un disco correcto. Es el primer paso de un grupo en constante evolución al que, posiblemente, le falla la producción que parecía empeñada en que Slowdive fuese un grupo new age. Algunas canciones son dignas de “Souvlaki”, su siguiente y mejor álbum, pero son excepciones como Celia´s dream o Erik’s song.

En realidad, Slowdive acababa de descubrir que mantener el tipo con un LP es mucho más complicado que hacerlo con un EP. Este último formato – perfecto para la era Spotify – demanda simplemente un hit o, como mucho, dos. Sin embargo un LP pide una coherencia interna en el discurso musical, un hilo conductor para que el oyente no desfallezca. Los altibajos que alternan algún que otro éxito con canciones cutres no sirven en un “larga duración”.

Para el siguiente álbum escribieron una carta a Brian Eno solicitando que les produjese el disco. Por aquel entonces Eno estaba, entre otras cosas, demasiado absorto en las fantasías megalómanas de los U2 de “Achtung Baby” y “Zooropa”. Así que, como era de esperar, rechazó el proyecto pero manifestó su interés en colaborar con el grupo en un par de temas. Uno de ellos fue Sing, coescrita por Eno, y la otra fue Here she comes, donde el músico tocaría el teclado.

Su nuevo álbum, “Souvlaki”, publicado en 1993, también tuvo críticas negativas motivadas, posiblemente, por el camino que estaba tomando la música británica, muy alejada del shoegazing y el dream pop. No hay que olvidar que ese mismo año se publicaba el debut de Suede, punto de partida del hervidero brit-pop. Un movimiento o etiqueta, con un currículo oculto marcadamente nacionalista, que colapsaría todas las publicaciones y listas de éxitos en las islas hasta 1996

Con el paso del tiempo, son pocos los que no reconocen la calidad de “Souvlaki”. Con una producción excelente, ahora sí, Slowdive es a la vez calma y agresividad. Un sonido relajante y excitante, hermoso en toda su crudeza. Un álbum plagado de grandes momentos desde su opening con Alison al tono agridulce de Machine gun, pasando por el emocional crescendo de When the sun hits.

SBK, el sello discográfico de Slowdive en Estados Unidos, editaría allí el álbum 8 meses más tarde con contenidos extras procedentes de nuevos EP’s y con la genial revisión del clásico de Lee Hazlewood Some velvet morning

Antes de regresar al estudio para grabar su último álbum, Simon Scott abandonaría la banda y sería reemplazado por el batería Ian McCutcheon, que ya no se separaría de Goswell y Halstead. Tras la disolución de Slowdive continuarían juntos hasta la actualidad en Mojave 3, una banda que combina algunas señas de identidad de la antigua formación con la tradición country. El último LP de Slowdive, editado en 1995, se llamó “Pygmalion”, una propuesta musical muy alejada de todo lo que había desarrollado el grupo hasta la fecha. Halstead, prácticamente el único responsable, concibió los temas desde una óptica minimalista. En la línea de grupos ambient como Seefeel, o del post-rock de Disco Inferno, y bastante alejado de los clásicos referentes, como Cocteau Twins, My Bloody Valentine o Galaxie 500. En su momento, un álbum bastante incomprendido por escoger un camino diferente. Sin embargo, mantienen su personalidad intacta avalada por canciones como Blue skied an’ clear y Crazy for you.

Los bruscos cambios de estilo no gustaron a Chaplin y Savill que se marcharían del grupo durante la grabación. El resto de miembros, como ya he señalado, continuarían como Mojave 3. Pero eso es otra historia.

Podría seguir hablando de Slowdive durante otro tanto tiempo: de su desastrosa gira norteamericana, de las bizarras campañas de marketing del sello SBK, de su trascendencia en la música posterior, de la pasión de una adolescente Rachel Goswell por los Smiths… pero mi intención era obviar lo anecdótico y, para compensar, tener algún que otro arrebato de etiquetaje onanista típico de todo cultureta de fanzine. En realidad, lo más importante es que un grupo de adolescentes arrancaron en la escena británica shoegazing de los primeros noventa, se acercaron a sonidos atmosféricos y referentes post-punk y, para cerrar su carrera, se sacaron de la manga un extraordinario e incomprendido LP de ambient.

 

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