hypertrofia auditiva

Telephones Rouges: volamos hacia Compostela

El pasado jueves tocaban en el Cachán clube, una pequeña sala de conciertos en Santiago de Compostela, Telephones Rouges. La banda de O Grove está de gira presentando los temas de Disenso, su LP de debut al que preceden dos EP’s.  Sin restar un ápice al sello distintivo del grupo – garaje-rock y noise – el sonido parece haberse suavizado en su nuevo trabajo. Las guitarras ásperas ahora suenan un poco más melódicas y se aproximan, tímidamente, hacia el pop. Una nueva orientación que le sienta muy bien.

Disenso es un disco tan interesante que ni una noche de perros, de frío y abundante lluvia, como la del jueves compostelano me impidió acercarme hasta el local. Una vez allí, o mejor dicho delante de la puerta del pub, todo empezó a pintar mal. El inicio del concierto estaba previsto para las 22:00 y, cuando yo llegué, unos minutos antes, el local estaba cerrado y no había ni dios rondando por allí. Pregunté. “Abrimos en diez minutos”, respondieron. Esperé.

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Foto: Matt Smith

A los quince minutos, cuando yo ya era como una bolsita de té sumergida, regresé a la puerta del local donde un par de veinteañeros esperaban en el hall de la entrada. Les pregunté si ya se podía pasar y me respondieron con tono vacilón. Mea culpa: hay en contextos que una leve mirada, una tímida solicitud de información te convierte en objetivo de todas las mofas. Tras ser ninguneado por no pertenecer a colectivo alguno me largué a tomar algo y al volver, casi una hora después de la anunciada, accedí al interior. El local contaba con dos estancias separadas. En la primera estaba la barra con asientos y mesas para el público, mientras que al fondo, en un espacio pequeño pero amplio, sería donde nos congregaríamos los asistentes  para ver el espectáculo. Por cierto, había gente. Al parecer, todo el mundo conocía la noticia del cambio de hora excepto yo. Me di cuenta de la complicidad, del paisanaje que había entre la mayoría de los asistentes. Probablemente conocidos del grupo y otros amigos del pueblo, supongo que incluso algún familiar enorgullecido. Así que, por razones obvias, habían recibido la información del retraso.

Antes de arrancar el conciertazo – anticipo -, Rubén Luengo, un poeta también Grovense, pronunciaría un breve recital lírico. Poco después, a base de sonidos programados, arrancaban Telephones Rouges aún con algunos de sus miembros desperdigados por el local. Es muy difícil describir la fuerza, el nervio y la desbordante energía que transmite el cuarteto en directo. Las canciones de sus publicaciones de estudio sufren una  asombrosa mutación en vivo. Es entonces cuando el Dr. Jekyll es reemplazado por Mr. Hyde.

Suenan más inmediatos y viscerales, incluso cuando alargan los temas en un desbarre de fulgurante electricidad. Su último disco, más relajado y “popero”, era un pelotazo noise que rebotaba en todas las paredes craneales de los que estábamos en el Cachán. Los amigos de la banda estaban entusiasmados, orgullosos al contemplar la capacidad de sus colegas. Hábiles no sólo para la música, porque también poseen el don de lenguas: cantan en gallego, alemán y castellano. Vamos, que deberían recibir una mención honorífica de esa Galicia “libre y bilingüe” que, en realidad, funde gallego y castellano en un único y estrafalario idioma.

Los alaridos de los dos cantantes, con voces muy contrastadas, se complementan a la perfección y se alzan sobre el maremoto de guitarras que, en ocasiones, son aplacadas por un sedante  teclado, casi shoegazing. El ritmo lo marcan, en ocasiones, una línea de bajo machacona y, sobre todo, la poderosa batería aporreada con una insólita contundencia. Mención especial para el músico de este instrumento. Pasa de sutilezas y, para publicitarse, no le valen pequeños detalles como las gafas de Buddy Holly o los pantalones cortos de Nick Offer. Tampoco le basta, simplemente, con tocar de pie. Para más detalles podéis contemplar las fotografías. Es como si una escultura de Ramón Conde, de esas que pululan por los centros comerciales de Galicia, cobrase vida.

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Foto: Matt Smith

He visto, comprimida en una hora y pico de concierto, multitud de referencias musicales de las que Telephones Rouges se apropian para extraer un sonido personal. El ruído controlado de Swell maps y Sonic youth, el sonido indie noventero de Yo la tengo, la movida más oscura de Parálisis permanente o las atmósferas del krautrock se adivinaban en los diferentes temas de la banda. Muy gallegos ellos y con la connivencia de gran parte del público, ironizaban  – o al menos eso creo – cerca del final de la actuación con unos ritmos programados de reggaetón. Concluyeron, definitivamente, con un bis de su principal hit que muchos asistentes demandaban desde el arranque del concierto. Hubo una celebración pogo, que llegaba casi hasta las últimas filas de la estancia, para la ocasión.

Lo bueno de la asistencia al concierto de amigos, conocidos y otras hierbas es que el paso por la tienda de regalos antes de salir está, en mayor o menor medida, asegurado. Así que varios asistentes se hicieron con uno o varios vinilos en el improvisado puesto creado a base de juntar sillones y mesas. Telephones Rouges se lo habían ganado a pulso. Una cita que en un principio pintaba regulera se convirtió, para mí, en la mejor banda gallega que había visto este 2012 sobre las tablas.

Llegó la hora de regresar a casa. Salí del local y me volví a encontrar con el frío y la lluvia gallegos. Pensé en Telephones Rouges y me dije: “esto no es Catalunya, ni Madrid, ni tan siquiera Euskadi”. Aquí llueve y hace frío y, a pesar de la buena música, seguimos sin saber cuando va a cambiar el tiempo.

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2 pensamientos en “Telephones Rouges: volamos hacia Compostela

  1. Hola, soy uno de los veinteañeros a los que aludes al principio del artículo y querría disculparme si entendiste mis comentarios como una burla ya que no fueron dichos con esa intención. Más bien era una muestra de indignación ante la falta de información que nos habían dado los empleados del local, de ningún modo dirigidas hacía una persona que no conozco. Lo cierto es que, en tus propias palabras, nosotros también estábamos como bolsas de té y éramos presa de la misma incertidumbre por lo que ahí pudo radicar el malentendido y notases cierto sarcasmo en nuestras palabras. Nada más, un cordial saludo.

  2. Hola Pablo,

    la verdad es que la situación se queda en mera anécdota, así que las disculpas son innecesarias. No nos arañemos 🙂 Al fin y al cabo es cosa de la edad, que vuelve a un servidor más irritable. Espero que el concierto os haya gustado tanto como a mí.

    Saludos.

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