hypertrofia auditiva

¿Qué pasa con el Beatle Paul? (I)

Por Javier Ferreirós

Será que me estoy haciendo mayor, porque ahora entiendo mejor a Paul McCartney, y a veces hasta me dan ganas de reivindicar su figura. No es que a nivel general McCartney necesite ser reivindicado, porque es lo contrario a un “artista de culto”, pero en el ecosistema que habitamos los que les damos vueltas a estas cosas suele ser una figura a destrozar. Ya no hablo de los “anti-Beatles porque sí”, sino incluso entre los que amamos la obra de los de Liverpool. No sé cómo está ahora la cosa (me consta que últimamente está de moda reivindicar a Yoko Ono), pero en las conversaciones en las que surgía la obligación de escoger a tu Beatle favorito, el que decía “Paul McCartney” siempre tenía que defenderse por elegir a ese blandengue, a ese hipócrita. Si quien lo decía era una chica, no pasaba nada, pero si el interrogado era varón, su hombría y buen gusto eran cuestionadas en el acto.

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¿Qué pasa con el beatle Paul? ¿Por qué cae tan mal? ¿Por qué nos vemos obligados a elegir entre Lennon y McCartney, casi como si tuviésemos que escoger a uno de ellos para ser el padrino de nuestra boda? Daré unas cuantas razones que se complementan entre sí: porque es eficiente, es el empollón de clase, y es un buen muchacho, pero se esfuerza tanto en caer bien (porque se esfuerza en todo) que termina cayendo mal. Es un ejemplo supremo de triunfador que, por encima, se lo pasa bien. Vende un millón de discos así, como quien no quiere la cosa, y nos explica que tal canción- maravillosa, preciosa- se le ocurrió dando un paseo y hala, a forrarse.

Más de una vez renegué de él, más de tres veces antes de que cantase el gallo. Por ejemplo, al final de una charla sobre la vida y milagros de los Beatles, donde un simpático cabrón me preguntó con una sonrisa maliciosa cuál era mi Beatle favorito, “y no vale decir Ringo”. Así que dije Lennon, porque no valía decir Ringo para hacerse el gracioso – que era mi primera opción. Vale, Lennon me llega directamente al alma con sus canciones en primera persona, y con su vulnerabilidad escondida tras la máscara de hostilidad de rufián de los muelles que a veces intentaba quitarse. Y me encanta su voz, y la engañosa simplicidad de sus canciones. En mi primera juventud, digamos de los 17 a los 27 años, Lennon era sin duda el elegido y por ello (así era entonces) menospreciaba a McCartney por su falta de garra, así, en general.

Pero a mis 15 años era Paul el elegido, porque, por ejemplo, escuchando Revolver, me resultaba más hermosa “For No One” que “Doctor Robert”. Y ahora, en la treintena, tras atravesar el túnel de la ortodoxia lennoniana, veo claramente los méritos de McCartney como el músico más dotado de los Beatles, el más currante y musicalmente más imaginativo, y el que nunca sucumbió a la dejadez, al misticismo o a la holgazanería bohemia. Y no por eso voy a decir que es mi favorito, porque siendo coherentes y maduros, cuando te acorralen con la pregunta de quién es tu Beatle favorito, debes tirar por el camino del medio. Ninguno tenemos la culpa de que cuatro talentos naciesen en la misma época y casi en el mismo barrio y que encima se les ocurriese juntarse para montar un grupo.

Y a pesar de posicionarme en favor del armisticio, acabo de elogiar a McCartney de una forma rotunda, más de lo que casi nadie se atreve a hacer abiertamente. Así que ahora sí, ahora toca argumentar en favor del Beatle Paul. Aunque no sirva de nada, porque las cosas del corazón no saben de razones.

Para empezar, lleva escribiendo canciones casi desde la cuna, como “When I´m Sixty Four”, ya esbozada en su adolescencia, o el sugerente instrumental pre-beatle “Cayenne”.

Lennon, demostrando buen ojo al ficharlo para su grupo “porque se parecía a Elvis”, como diría en su vena sarcástico-mitófoba, dio un salto adelante al contar con alguien constante entre todos aquellos quinceañeros que iban y venían para tocar en el grupo que intentaba formar; John y Paul aprenderían el uno del otro, sobre todo a escribir canciones, y creo que John aprendió por fin a tocar y a afinar la guitarra reflejándose en el zurdo Paul.

Ya en los tiempos de Hamburgo, de rocanrol y pastillas entre vomitonas, cuando el jamesdeanesco  Stu se apartó de la escena, McCartney fue el único que accedió a sustituirle en las labores de bajista. Por aquel entonces el bajo no tenía ni mucho menos el prestigio molón que puede tener hoy día, y Lennon y Harrison no iban a asumir esa labor aparcando la guitarra eléctrica. Pero, recordemos, Paul era constante, y ya por aquel entonces tenía en cuenta el bien del grupo ante todo. Y, con el tiempo, demostraría también ser uno de los mejores bajistas de la historia, a pesar de no marcarse nunca solos de media hora, como le achacan, a los Beatles en conjunto, los “anti-Beatles porque sí”.

En plena “Beatlemanía”, los mozalbetes liverpoolianos eran, como ellos mismos se definían, un “monstruo de cuatro cabezas”. Si bien Lennon y Harrison se rebelaban contra la imposición del mánager Brian Epstein de ir vestidos con trajes iguales (se rebelaban sólo un poquito, aflojándose el nudo de la corbata, por aquello de “en el fondo sigo siendo un teddy boy”), a McCartney le gustaba que fuesen de uniforme para sentir que eran un todo, un conjunto, con un mismo objetivo. Paul el visionario se ponía el uniforme de trabajo con la mejor de sus sonrisas porque quería seguir dedicándose a esto todo el tiempo que fuese posible. Cuando la fama empezó a ser agobiante, al parecer Paul se vio tentado a dejarlo; supongo que ese pensamiento le duraría a lo sumo unos días, porque tenía la sensación de que algo enorme, que podía arrollarlo, escapaba a su control. ¿Y qué decir de la imagen desenfadada y dicharachera de estos hijos de la clase obrera? Observadlos charlando con Morecombe and Wise y decidme si el gesto jovial y aún no del todo amanerado de Paul no es acaso la quintaesencia de la locomoción Beatle.

En los Beatles todo pasó muy rápido, y cuatro años después de “Love Me Do” llegó Revolver. Voy a detenerme un poco más en los meses en los que tomó forma este disco definitivamente rompedor con los trabajos anteriores de los Beatles, y en el que ya nos olemos que Lennon y Harrison empezaban a estar cansados de ser parte del monstruo de cuatro cabezas; Harrison, porque a medida que se iba sintiendo más seguro como compositor, también se iba dando cuenta de que sus canciones tenían que competir con las de Lennon- McCartney. Y Lennon, porque ya se iba sintiendo acorralado, siempre pendiente de la siguiente “gran cosa grande” que por fin le liberaría, y que resultó ser Yoko Ono. Mientras tanto, McCartney, de 23-24 años y que se había quedado en Londres mientras Lennon vivía su vida de hombre infelizmente casado en las afueras, había descubierto a John Cage y a Stockhausen, y ya se atrevía a meter mano en la cabina de producción, hasta entonces santuario misterioso y prohibido guardado por el Gran Arquitecto George Martin. No es que Martin ponga la mano en el fuego por Paul, no: lo atravesaría con una sonrisa en los labios. Y ahí tenemos la faceta de McCartney como odioso favorito del profe, por ser el que más se implicaba en hacer crecer al grupo artísticamente.

Veamos quién era Paul McCartney en la época de Revolver a través de sus propias declaraciones, realizadas para el libro del proyecto Anthology. Pero primero leamos al orgulloso profesor Martin en esas mismas páginas: “En aquella época, Paul era seguramente más vanguardista  que el resto. Siempre consideramos a John el vanguardista, por Yoko y todo eso, pero en aquel entonces Paul estaba muy metido en Stockhausen, John Cage y todos los artistas de vanguardia, mientras que John llevaba una vida muy burguesa en Weybridge.” (Me temo que cuando George Martin dice “Yoko y todo eso” sus refinadas profundidades británicas le están impidiendo decir “Yoko y todas esas payasadas”.)

McCartney: “Siempre defiendo que yo ya llevaba tiempo metido en todo eso cuando a John le empezó a interesar, porque en aquella época él estaba casado con Cynthia. Fue después, al salir con Yoko, cuando volvió a Londres y empezó a visitar galerías”. Es en declaraciones como esta en las que McCartney se nos aparece como un repelente: no tiene bastante con ser una figura capital de la música contemporánea, quiere que se anote hasta el último de sus méritos, por irrelevante que pueda parecer. Y le resta méritos a John (aunque no sea esa su intención, y aunque, como él sabe, pueda sonar como sí lo fuese). Y, claro… John está muerto. En otra ocasión, comentando que Lennon se sintió dolido porque no contó con él para “Why Don´t We Do It in the Road?” (del “Álbum Blanco”, 1968), McCartney estalló en 1981, pocos meses después del asesinato de Lennon: “De todas formas, él hizo lo mismo con “Revolution 9”. La hizo sin mí. Y eso nadie lo dice. Ahora, John es el bueno y yo el cabrón.” Aquí tenemos un nuevo episodio de la antiquísima historia de “¿Por qué Padre te quiere más a ti, si yo siempre he sido un buen hijo y he respetado sus ordenanzas?”. Luego el hijo respetuoso se arrepiente de sus palabras y llora amargas lágrimas  en su rincón. Y escribe canciones llenas de amor a su hermano ausente. Y nosotros, los espectadores, le perdonamos.

Siguiendo con Revolver y los comentarios sobre ese momento en el Anthology, dice McCartney: “Pensamos que quizás a nuestro público no les molestase un pequeño cambio, y si les molestaba, ¡allá ellos! Nosotros íbamos a la nuestra; la mayor parte del tiempo, al menos.” Aquí Paul se lanza y luego mide sus palabras. Al referirse a un “pequeño cambio”,está hablándonos, entre otras cosas, de los loops que suenan en “Tomorrow Never Knows”, cuya idea debemos totalmente a Paul.

De “Eleanor Rigby” y su desbordante orquestación

De la belleza de “Here, There and Everywhere”, compuesta en abierto desafío hacia Brian Wilson, el único melodista que podía ensombrecer a McCartney por aquel entonces.

Del poderío al estilo Motown de “Got to Get You Into My Life”

De las armonías vocales, de las frases de bajo, en definitiva, del esfuerzo por mantener a los Beatles en lo más alto, no haciendo lo de siempre, sino arriesgando, como hacen los grandes de verdad.

A la presión de ser un Beatle se añadía la de sacar un disco como Revolver, lejos ya de los límites impuestos por los mecánicos conciertos con traje y corbata delante de gente que no escuchaba. McCartney, 1980: “Sólo para que veas lo equivocado que uno puede andar: estaba de gira en Alemania, justo antes de que saliera Revolver. Empecé a escuchar el álbum y me deprimí totalmente porque me pareció que todo estaba desafinado. Tuvieron que tranquilizarme diciéndome que todo estaba bien.”

Poco después, McCartney, el Beatle responsable, cogería las riendas del grupo para que, cuando el público mirase, viese al monstruo andar con garbo y no entrechocando sus patas, como ocurría en realidad.

Más en hypertrofiados| ¿Qué pasa con el Beatle Paul? (II), ¿Qué pasa con el Beatle Paul? (y III)

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8 pensamientos en “¿Qué pasa con el Beatle Paul? (I)

    • El compositor de “Tomorrow Never Knows” es Lennon, pero el caso es que su alocada e imprecisa idea (como casi todas las suyas) original para los arreglos era que sonara de fondo el canto gutural de unos monjes tibetanos. George Martin, todo paciencia, le dijo que tal cosa no era posible, así que McCartney sugirió lo de los loops- cada uno de los Beatles debía traer una muestra de casa, Paul les ponía deberes- y el solo de guitarra al revés. El sonido parecido al de unos pájaros es la risa de McCartney filtrada y acelerada.

  1. Pingback: De repente…Jake Bugg: Aire fresco al maltrecho circo del Rock&Roll

  2. Siempre es reconfortante encontrar estas opiniones de reivindicación sobre Paul McCartney más aún cuando vienen de una persona que dice haber estado en el bando de los ataques contra él, para mí siempre fue mi favorito sin desmerecer jamás el trabajo de John interesantísimo desde el rockn roll de los primeros discos hasta el tono
    “alternativo” que tomó al final, pero Paul fue el director de la orquesta en los discos más arriesgados y vanguardistas como bien indicas, es un mérito desconocido para el gran público que sigue viendo en Lennon el mayor peso del grupo. Y bueno comentando la segunda y tercera parte de este análisis pues me sorprende el talento que tienes para escribir y poner verdades tan contundentes con tanto sentido del humor ah y como decía, Paul siempre fue mi preferido y soy chica (lo digo al final para que no se tome esta opinión como basada en que Paul haya sido el guapo o el romántico).

    Felicitaciones y saludos.

    • Por increíble que parezca, aún hoy en día todo aquel que prefiere McCartney a Lennon lo dice con la boca pequeña en muchos casos (ya veo que no en el tuyo), como se puede ver en este vídeo:

      Muchas gracias por tu comentario, saludos.

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