hypertrofia a granel

Qué harías tú en un ataque preventivo de la U.R.S.S.

Por Barney Gumble

Lo confieso: era más feliz cuando Reagan era presidente. La bomba H provocaba en mí un temor tan irresistible como genuino. Fantaseaba con ella en clase de gimnasia, fulminando mentalmente a los que sí sabían hacer la voltereta hacia atrás.

 Entonces aún era creíble que un militar americano, obsesionado con la contaminación de los (preciosos) fluidos, diese la orden de bombardear la URSS, y más verosímil aún que, al otro lado del teléfono rojo, el presidente soviético, llamémosle Dimitri, recibiera ebrio de vodka la noticia.

Recuerdo como si fuera ayer el día que mi ilusión infantil de un holocausto nuclear comenzó a desmoronarse. Yo tenía 9 años y TVE retransmitía la firma de un acuerdo de desarme entre Reagan y Gorbachov. Aquel fue el día que me hice mayor.

Luego llegarían la Perestroika, la Revolución de Terciopelo, la caída del Muro. De repente, casi sin darnos cuenta, nos quedamos sin Guerra Fría. Y, al mismo tiempo, nos quedamos sin espías, sin KGB, sin STASi. Sin el Secretariado Soviético de Refrescos.

Es natural que durante más de dos décadas escritores, guionistas, belicistas, y nostálgicos de toda clase hayamos soñado con la vuelta de un Soviet Supremo.

¿Qué tenemos ahora, en cambio? ¿Ahmadineyad? ¿Chávez? ¿Rosa Díez? ¿Un James Bond oxigenado, hipermusculado y políticamente correcto? Sin cinismo, sin machismo, sin Guerra Fría y sin Sean Connery, 007 es un anacronismo absurdo.

Siempre podremos recurrir a los espías de antaño. Al viejo Le Carré. Al George Smiley de El Topo, al triste, gris y cornudo Smiley. Al Alec Leamas que surgió del frío, sucio, alcohólico y solitario. A la visión más descarnada del MI6. A funcionarios que juegan a indios y vaqueros.

A los burócratas de Graham Greene que comen maltesers mientras envían por triplicado al Foreign Office otro insulso informe sobre la situación en Zaire. Al vendedor de aspiradoras de Nuestro Hombre en la Habana que se saca un sobresueldo fingiendo que espía en la Cuba de Batista para pagar la hípica a su hija.

¿Y a quién recurrirías tú? ¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS?

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3 pensamientos en “Qué harías tú en un ataque preventivo de la U.R.S.S.

    • Los Smiths, Monty Python, la Guerra Fría… Como verás, me mueve la nostalgia. Es cierto que Putin o Ahmadineyad son tipos majetes, de esos que todo el mundo se querría llevar de fin de semana a una casa rural, pero no se pueden comparar con Stalin o Ceaucescu, con ellos era un no parar de reír.

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