hypertrofia a granel

Querido monstruo

“Aumm ñam ñiam ñiam ñiam”

Triki

Podría empezar diciendo que los monstruos son los moradores de nuestra peores pesadillas, procedentes de los abismos, y  heraldos de la oscuridad… O algo muy similar a eso, añadiendo un toquecito de trompetas sonando, un aire de jinetes de caballos negros y media cucharada de perros de tres cabezas demoníacos.

Podría seguir diciendo que las criaturas fantásticas reflejan nuestros más oscuros temores, nuestras taras, y el yo interior que no queremos mostrar al mundo.

Pero, qué queréis que os diga, a mí me parece que hay muchos monstruos que son entrañables. Adorables. Abrazables. Riquiños. En definitiva, monstrañables.

 

El problema es que nos hemos quedado en los Rolling Stones de los monstruos. Hablamos demasiado a menudo de vampiros, de licántropos y de zombies. Pero nos olvidamos de los squonk, de los esciápodos o de los akaname.

No es tan difícil como pueda parecer que lleguéis a toparos con algún monstrañable. No tenéis que sacrificar una cabra sobre una estrella de 20 puntas mientras recitáis Harry Potter del revés y en latín. Ni siquiera os tenéis que internar en el bosque para cazar a un unicornio, beber su sangre, y cagar la piedra filosofal. Sólo tenéis que cuidar ese viejo sofá de escay hasta que cumpla los 100 años.

Cuando le salgan dientes, cola o empiece a hablar; sólo deberéis ser comprensivos, hacerle alguna broma y tratarlo con cariño.

 Tenedlo en cuenta, porque la mitología japonesa cuenta que los objetos que llegan al centenariazo pueden convertirse en un ser sobrenatural que se llama tsukumogami. Su apariencia dependerá de cómo era el propio objeto y también de las condiciones en las que se mantuvo (ojo con las lámparas de araña, pues).

Por ejemplo, a una antigua tetera le pueden salir ojos, y a unas sandalias, dientes afilados. En general, son unos bichos bastante majetones que sólo gastan bromas de vez en cuando. Pero tampoco os durmáis en el sofá de escay confiando en su buen carácter: si un tsukumogami os ve tirar un objeto viejo por considerarlo inútil, puede pillar un buen cabreo.

Para los modernos que nos leen, os adelanto que vuestros Ipods no se pueden convertir en tsukumogamis, porque no les gusta nada de nada ni la electricidad ni sus variantes. Además ATENCIÓN SPOILER: vuestro Ipod no va a durar 100 años.

Un sofá de escay puede guardaros muchas rencillas si consigue un alma. Y es que no debemos perder de vista que los monstrañables también tienen su corazoncito. En los bosques de Pensilvania (efectivamente, lumbreras, ese estado norteamericano donde vive Drácula) habita el Squonk, parido por la mitología de esas latitudes. Realmente es un cuadro: tiene una piel parecida a la del sapo, con manchas y verrugas, que le cuelga en un montón de pliegues.

Por eso, Squonkie no se deja ver. Se siente muy feo y llora de modo ruidoso e incesante. Algo que no le ayuda en absoluto, porque sus ojos se convierten en unos globos siempre hinchados.

Si queréis consolar a nuestro Betty la fea de los monstrañables, podéis seguir el rastro brillante que sus lágrimas dejan en el suelo de bosque. Pero acercaos con cuidado. Según cuentan los cazadores que lograron acorrarlo, la criaturilla puede disolverse en un charco de lágrimas y burbujas (?) para evitar ser capturado

Nuestros monstrañables no sólo tienen el don de la riquiñidad: algunos también son ingeniosos y aprovechan sus defectos para convertirlos en algo útil. Los esciápodos, que significa sombra-pie, son unos seres mitológicos que algunos “historiadores” situaron en la India hace mucho, mucho tiempo. Poseen una sola pierna y un solo pie, pero sobredimensionados. Los esciápodos decidieron hacer de la necesidad virtud, y como siempre hay un roto para un descosido y nunca llovió que no escampara, se pusieron a mejorar su calidad de vida. Pero ¿cómo? Facilísimo y obvio: convirtieron su pie en sombrilla. Así se tiran de espaldas, suben el pie y ¡voilá!

 

En la raza de las monstrañables también hay sitio para la gente ilustrada, educada y de buenas maneras. Los kappa nunca te harán un feo en la mesa. Aunque también es cierto que puede que no te queden muchas ganas de invitarlos a sentarse contigo después de que te hayan comido las vísceras.

Los kappa pertenecen al folclore japonés. Suelen tener una forma humanoide, con ligera pinta de rana, y a veces portan un caparazón. Lo más llamativo es la calva que tienen en la cabeza, rodeada de pelo, en la que llevan auga. Toda su energía proviene de ese pequeño estanque de su coronilla.

Por eso, si el kappa se pone tonto e insiste en comerse tu shirikodama (una bola que se encuentra dentro del ano, que se refiere posiblemente a la próstata), hazle una reverencia. El kappa se verá obligado a devolvértela y derramará el agua de su cabeza, lo que le provocará una pérdida temporal de poderes. De todas formas, si padeces de lumbago y las reverencias te quitan años de vida, recuerda que a nuestros entrañables kappa les gustan más los pepinos que la carne de los niños.

Si los cócteles y fumar en pipa no es lo tuyo, vete de tabernas con otro de nuestros monstrañables, perfectos compañeros de fiesta. Irlandeses, por supuesto. Los clurichaun se parecen bastante a sus primos, los más famosos Leprechaun. Incluso hay quien los describe como la forma nocturna de estos últimos.

Los clurichaun siempre están borrachos y no son de trato muy amable. Como monstrañables que son, les gusta montar ovejas y perros como si fueran caballos. Si los tratas bien, te cuidarán de la bodega. Pero si los tratas mal, las consecuencias serán terribles: derramarán todo tu vino. Sí, son malotes. Lo peor de todo viene si intentas escapar de su tormento: los clurichaun te arrojarán a un barril de vino. Y después se meterán ellos, evidentemente, que no todo lo bueno te lo vas a quedar tú.

Los monstrañables no sólo nos enseñan buenas maneras, la importancia de la belleza interior o cómo cuidar los sofás de escay. Nos ofrecen mucho más. A menudo nos ayudan día a día sin pedir nada a cambio. ¿A quién no le pasó que un día, después de una borrachera y de dejar el baño perdido, se levantó con la resaca a cuestas y encontró el habitáculo prácticamente deslumbrante? Lo sabemos. De algún modo, lo intuimos. El baño se limpia solo.

 Y ¿qué me dices de los sonidos nocturnos que preceden a tal aparición mariana: esa cisterna que sigue goteando o esa tubería vieja que gruñe por momentos? Eso es lo que creías. Te equivocas. No llames al fontanero. Debes darle las gracias a los akaname.

 

Los akaname son “succionadores de inmundicia”. Tiene una lengua muy larga con la que limpian cualquier desperdicio. Por eso, sus baños preferidos son los antiguos y descuidados: es decir, los de estudiantes. Son buenos bichos, aunque no muy atractivos.

 Estos son sólo algunos ejemplos. Hay muchos monstrañables que siguen en el anonimato. Por ejemplo, la kerakera onna japonesa; un fantasma que se dedica a reírse de sus víctimas mientras va vestida de forma ridícula. Para entendernos, es algo así como un Nelson de los espíritus

 

Pero estas entrañables criaturas no son sólo parte del folclore y mitología antiguos. Nuestras pobres mentes los siguen necesitando y, por eso, en la actualidad nuestra imaginación sigue pariendo monstrañables. O si no ¿qué es acaso nuestro queridísimo dr Zoidberg?

Créditos: wikipedia, bestiarium.com.ar

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8 pensamientos en “Querido monstruo

  1. Echo de menos el famoso bicho llorón que mora en algunas oficinas. Es un monstruo que, como su nombre indica, llora sin parar, pero lo hace siempre por ti, y amenaza constantemente con matarse en la carretera. Ademas, es un bicho muy fértil y no para de tener hijos. Y tiene también una calva con agua.

  2. Ya falta muy poco para que mi eterno perrito de peluche, ataviado con ropa de mujer, se convierta en un monstrañable con vida propia…¿qué me va a hacer por haberle arrancado un ojo y el lacito rosa?

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