hypertrofia a granel

Mira siempre el lado Python de la vida

Por Barney Gumble

Imagínate un coloquio en Cambridge. Imagina que uno de los conferenciantes aparece disfrazado de zanahoria. Imagina que cuando llega su turno de palabra permanece mudo, sonriente y tieso, como corresponde a su naturaleza herbácea. Imagina que se mantiene así ante el estupor general durante cinco, diez, quince minutos.

Si a estas alturas no piensas que el hombre debajo del disfraz naranja es un genio, es mejor que dejes de leer: los Monty Python no son para ti.

La zanahoria existió. Era Graham Chapman, el mayor alcohólico, promiscuo, homosexual y genuinamente chiflado de la cuerda de locos que conformaron los Python.

Por desgracia, Chapman es también el único miembro del grupo que ha fallecido. Que ya no existe. Que dejó de ser. Que pasó a mejor vida. Que descansa en paz. Que la palmó. Que mordió el polvo. Que la diñó. Que exhaló su último aliento. Que fue a reunirse con los tres jesucristos–el gordo y los dos delgados– los 28 apóstoles y, tal vez, el canguro de la penúltima cena.

Su muerte nos dejó el mejor responso que jamás pueda ser pronunciado en un funeral. Un elogio fúnebre que justifica el haber vivido y también, por qué no, el haber muerto.

Lo cual me lleva al meollo de esta zanahoria. Si queréis recordar a Graham Chapman, hacedlo por las palabras que John Cleese le dedicó a su muerte. Por favor, nuncalo defináis como el actor que hizo de Brian.

Digámoslo ya, en el responso de Cleese hay más de los MontyPython que en los 90 minutos de La Vida de Brian. Y no es que la película sea mala. Simplemente, los Python son mucho más que Pijus Magníficus.

Son el Flying Circus, el loro muerto, el ministerio de los andares tontos, la clínica de discusión. Son esa pequeña obra de arte que es Cuatro hombres de Yorkshire.

Son, en cine, la brillante imperfección de El Sentido de la Vida, son los niños católicos cantando ‘cada esperma es sagrado’ antes de ser vendidos para experimentos químicos, son la máquina que hace ping, son el señor Creosota entrando en un restaurante y pidiendo un cubo para vomitar.

Los Python son Graham Chapman en Cambridge disfrazado de zanahoria.

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4 pensamientos en “Mira siempre el lado Python de la vida

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